2 Corinthians
2 Corinthians 3
Reina-Valera 1909 · tap any highlighted word for context
2 Corinthians 3 — Scripture text (Reina-Valera 1909)
¿COMENZAMOS otra vez á alabarnos á nosotros mismos? ¿ó tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, ó de recomendación de vosotros? Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres; Siendo manifiesto que sois letra de administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el íritu del vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. Y tal confianza tenemos por para con : No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de ; El cual asimismo nos hizo ministros suficientes de un nuevo pacto: no de la letra, mas del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fué con gloria, tanto que los hijos de no pudiesen poner los ojos en la faz de és á causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fué con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia. Porque aun lo que fué glorioso, no es glorioso en esta parte, en comparación de la excelente gloria. Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más será en gloria lo que permanece. Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza; Y no como és, que ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de no pusiesen los ojos en el fin de lo que había de ser abolido. Empero los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy les queda el mismo velo no descubierto en la lección del antiguo testamento, el cual por es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando és es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Mas cuando se convirtieren al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el íritu; y donde hay el íritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando á cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el íritu del Señor.