Jeremiah 4:20
“Quebrantamiento sobre quebrantamiento es llamado; porque toda la tierra es destruída: en un punto son destruídas mis tiendas, en un momento mis cortinas.”
Jeremiah 4:20 — Reina-Valera 1909
Verse 20 of 31 in Jeremiah chapter 4 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
Jeremiah 4 — full chapter (Reina-Valera 1909)
SI te has de convertir, oh , dice á, conviértete á mí; y si quitares de delante de mí tus abominaciones, no andarás de acá para allá. Y jurarás, diciendo, Vive á, con verdad, con juicio, y con justicia: y bendecirse han en él las gentes, y en él se gloriarán. Porque así dice á á todo varón de á y de : Haced barbecho para vosotros, y no sembréis sobre espinas. Circuncidaos á á, y quitad los prepucios de vuestro corazón, varones de á y moradores de ; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien apague, por la malicia de vuestras obras. Denunciad en á, y haced oir en , y decid: Sonad trompeta en la tierra. Pregonad, juntad, y decid: Reuníos, y entrémonos en las ciudades fuertes. Alzad bandera en Sión, juntaos, no os detengáis; porque yo hago venir mal del aquilón, y quebrantamiento grande. El león sube de su guarida, y el destruidor de gentes ha partido; salido ha de su asiento para poner tu tierra en soledad; tus ciudades serán asoladas, y sin morador. Por esto vestíos de saco, endechad y aullad; porque la ira de á no se ha apartado de nosotros. Y será en aquel día, dice á, que desfallecerá el corazón del rey, y el corazón de los príncipes, y los sacerdotes estarán atónitos, y se maravillarán los profetas. Y dije: ¡Ay, ay, Jehová ! verdaderamente en gran manera has engañado á este pueblo y á , diciendo, Paz tendréis; pues que el cuchillo ha venido hasta el alma. En aquel tiempo se dirá de este pueblo y de : Viento seco de las alturas del desierto vino á la hija de mi pueblo, no para aventar, ni para limpiar. Viento más vehemente que estos vendrá á mí: y ahora yo hablaré juicios con ellos. He aquí que subirá como nube, y su carro como torbellino: más ligeros con sus caballos que las águilas. ¡Ay de nosotros, porque dados somos á saco! Lava de la malicia tu corazón, oh , para que seas salva. ¿ cuándo dejarás estar en medio de ti los pensamientos de iniquidad? Porque la voz se oye del que trae las nuevas desde , y del que hace oir la calamidad desde el monte de . Decid á las gentes; he aquí, haced oir sobre : Guardas vienen de tierra lejana, y darán su voz sobre las ciudades de á. Como las guardas de las heredades, estuvieron sobre ella en derredor, porque se rebeló contra mí, dice á. Tu camino y tus obras te hicieron esto, ésta tu maldad: por lo cual amargura penetrará hasta tu corazón. ¡ entrañas, mis entrañas! Me duelen las telas de mi corazón: mi corazón ruge dentro de mí; no callaré; porque voz de trompeta has oído, oh alma mía, pregón de guerra. Quebrantamiento sobre quebrantamiento es llamado; porque toda la tierra es destruída: en un punto son destruídas mis tiendas, en un momento mis cortinas. ¿ cuándo tengo de ver bandera, tengo de oir voz de trompeta? Porque mi pueblo es necio; no me conocieron los hijos ignorantes y los no entendidos; sabios para mal hacer, y para bien hacer no supieron. Miré la tierra, y he aquí que estaba asolada y vacía; y los cielos, y no había en ellos luz. Miré los montes, y he aquí que temblaban, y todos los collados fueron destruídos. Miré, y no parecía hombre, y todas las aves del cielo se habían ido. Miré, y he aquí el desierto, y todas sus ciudades eran asoladas á la presencia de á, á la presencia del furor de su ira. Porque así dijo á: Toda la tierra será asolada; mas no haré consumación. Por esto se enlutará la tierra, y los cielos arriba se oscurecerán, porque hablé, pensé, y no me arrepentí, ni me tornaré de ello. Del estruendo de la gente de á caballo y de los flecheros huyó toda la ciudad; entráronse en las espesuras de los bosques, y subiéronse en peñascos; todas las ciudades fueron desamparadas, y no quedó en ellas morador alguno. Y tú, destruída, ¿qué harás? Bien que te vistas de grana, aunque te adornes con atavíos de oro, aunque pintes con antimonio tus ojos, en vano te engalanas; menospreciáronte los amadores, buscarán tu alma. Porque voz oí como de mujer que está de parto, angustia como de primeriza; voz de la hija de Sión que lamenta y extiende sus manos, diciendo: ¡Ay ahora de mí! que mi alma desmaya á causa de los matadores.