2 Kings 6:15
“Y levantándose de mañana el que servía al varón de Dios, para salir, he aquí el ejército que tenía cercada la ciudad, con gente de á caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?”
2 Kings 6:15 — Reina-Valera 1909
Verse 15 of 33 in 2 Kings chapter 6 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
2 Kings 6 — full chapter (Reina-Valera 1909)
LOS hijos de los profetas dijeron á : He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho. Vamos ahora al án, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámonos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad. Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré. Fuése pues con ellos; y como llegaron al án, cortaron la madera. Y aconteció que derribando uno un árbol, cayósele el hacha en el agua; y dió voces, diciendo: ¡Ah, señor mío, que era emprestada! Y el varón de dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; é hizo nadar el hierro. Y dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo. Tenía el rey de guerra contra , y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento. Y el varón de envió á decir al rey de : Mira que no pases por tal lugar, porque los van allí. Entonces el rey de envió á aquel lugar que el varón de había dicho y amonestádole; y guardóse de allí, no una vez ni dos. Y el corazón del rey de fué turbado de esto; y llamando á sus siervos, díjoles: ¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de ? Entonces uno de los siervos dijo: No, rey señor mío; sino que el profeta está en , el cual declara al rey de las palabras que tú hablas en tu más secreta cámara. Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe á tomarlo. Y fuéle dicho: He aquí él está en án. Entonces envió el rey allá gente de á caballo, y carros, y un grande ejército, los cuales vinieron de noche, y cercaron la ciudad. Y levantándose de mañana el que servía al varón de , para salir, he aquí el ejército que tenía cercada la ciudad, con gente de á caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? Y él le dijo: No hayas miedo: porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró , y dijo: Ruégote, oh á, que abras sus ojos para que vea. Entonces á abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de gente de á caballo, y de carros de fuego alrededor de . Y luego que los descendieron á él, oró á á, y dijo: Ruégote que hieras á esta gente con ceguedad. E hiriólos con ceguedad, conforme al dicho de . Después les dijo : No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, que yo os guiaré al hombre que buscáis. Y guiólos á . Y así que llegaron á , dijo : Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y á abrió sus ojos, y miraron, y halláronse en medio de . Y cuando el rey de los hubo visto, dijo á : ¿élos, padre mío? Y él le respondió: No los hieras; ¿herirías tú á los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y se vuelvan á sus señores. Entonces les fué aparejada grande comida: y como hubieron comido y bebido, enviólos, y ellos se volvieron á su señor. Y nunca más vinieron cuadrillas de á la tierra de . Después de esto aconteció, que -adad rey de juntó todo su ejército, y subió, y puso cerco á . Y hubo grande hambre en , teniendo ellos cerco sobre ella; tanto, que la cabeza de un asno era vendida por ochenta piezas de plata, y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas por cinco piezas de plata. Y pasando el rey de por el muro, una mujer le dió voces, y dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo: Si no te salva á, ¿de dónde te tengo de salvar yo? ¿del alfolí, ó del lagar? Y díjole el rey: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido su hijo. Y como el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro: y llegó á ver el pueblo el saco que traía interiormente sobre su carne. Y él dijo: Así me haga , y así me añada, si la cabeza de hijo de quedare sobre él hoy. Estaba á la sazón sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos: y el rey envió á él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese á él, dijo él á los ancianos: ¿No habéis visto cómo este hijo del homicida me envía á quitar la cabeza? Mirad pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, é impedidle la entrada: ¿no viene tras él el ruido de los pies de su amo? Aun estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía á él; y dijo: Ciertamente este mal de á viene. ¿ qué tengo de esperar más á á?