2 Kings 7:12

“Y levantóse el rey de noche, y dijo á sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los Siros. Ellos saben que tenemos hambre, y hanse salido de las tiendas y escondídose en el campo, diciendo: Cuando hubieren salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad.”

2 Kings 7:12 — Reina-Valera 1909

Verse 12 of 20 in 2 Kings chapter 7 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

2 Kings 7 — full chapter (Reina-Valera 1909)

DIJO entonces : Oid palabra de á: Así dijo á: Mañana á estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seah de cebada un siclo, á la puerta de . Y un príncipe sobre cuya mano el rey se apoyaba, respondió al varón de , y dijo: Si á hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Y había cuatro hombres leprosos á la entrada de la puerta, los cuales dijeron el uno al otro: ¿ qué nos estamos aquí hasta que muramos? Si tratáremos de entrar en la ciudad, por el hambre que hay en la ciudad moriremos en ella; y si nos quedamos aquí, también moriremos. Vamos pues ahora, y pasémonos al ejército de los : si ellos nos dieren la vida, viviremos; y si nos dieren la muerte, moriremos. Levantáronse pues en el principio de la noche, para irse al campo de los ; y llegando á las primeras estancias de los , no había allí hombre. Porque el Señor había hecho que en el campo de los se oyese estruendo de carros, ruido de caballos, y estrépito de grande ejército; y dijéronse los unos á los otros: He aquí el rey de ha pagado contra nosotros á los reyes de los , y á los reyes de los , para que vengan contra nosotros. Y así se habían levantado y huído al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campo como se estaba; y habían huído por salvar las vidas. Y como los leprosos llegaron á las primeras estancias, entráronse en una tienda, y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata, y oro, y vestidos, y fueron, y escondiéronlo: y vueltos, entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron, y escondieron. Y dijéronse el uno al otro: No hacemos bien: hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos: y si esperamos hasta la luz de la mañana, nos alcanzará la maldad. Vamos pues ahora, entremos, y demos la nueva en casa del rey. Y vinieron, y dieron voces á los guardas de la puerta de la ciudad, y declaráronles, diciendo: Nosotros fuimos al campo de los , y he aquí que no había allí hombre, ni voz de hombre, sino caballos atados, asnos también atados, y el campo como se estaba. Y los porteros dieron voces, y declaráronlo dentro, en el palacio del rey. Y levantóse el rey de noche, y dijo á sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los . Ellos saben que tenemos hambre, y hanse salido de las tiendas y escondídose en el campo, diciendo: Cuando hubieren salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad. Entonces respondió uno de sus siervos, y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad, (porque ellos también son como toda la multitud de que ha quedado en ella; también ellos son como toda la multitud de que ha perecido;) y enviemos, y veamos qué hay. Tomaron pues dos caballos de un carro, y envió el rey tras el campo de los , diciendo: Id, y ved. Y ellos fueron, y siguiéronlos hasta el án: y he aquí, todo el camino estaba lleno de vestidos y enseres que los habían arrojado con la premura. Y volvieron los mensajeros, é hiciéronlo saber al rey. Entonces el pueblo salió, y saquearon el campo de los . Y fué vendido un seah de flor de harina por un siclo, y dos seah de cebada por un siclo, conforme á la palabra de á. Y el rey puso á la puerta á aquel príncipe sobre cuya mano él se apoyaba: y atropellóle el pueblo á la entrada, y murió, conforme á lo que había dicho el varón de , lo que habló cuando el rey descendió á él. Aconteció pues de la manera que el varón de había hablado al rey, diciendo: Dos seah de cebada por un siclo, y el seah de flor de harina será vendido por un siclo mañana á estas horas, á la puerta de . A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de , diciendo: Aunque á hiciese ventanas en el cielo, ¿pudiera ser eso? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Y vínole así; porque el pueblo le atropelló á la entrada, y murió.

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