2 Samuel 18:33
“Entonces el rey se turbó, y subióse á la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalom, hijo mío, hijo mío Absalom! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalom, hijo mío, hijo mío!”
2 Samuel 18:33 — Reina-Valera 1909
Verse 33 of 33 in 2 Samuel chapter 18 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
2 Samuel 18 — full chapter (Reina-Valera 1909)
pues revistó el pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos tribunos y centuriones. Y consignó la tercera parte del pueblo al mando de , y otra tercera al mando de , hijo de , hermano de , y la otra tercera parte al mando de . Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros. Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros: mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será pues mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad. Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os pareciere. Y púsose el rey á la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil. Y el rey mandó á y á y á , diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al mozo . Y todo el pueblo oyó cuando dió el rey orden acerca de á todos los capitanes. Salió pues el pueblo al campo contra , y dióse la batalla en el bosque de ; Y allí cayó el pueblo de delante de los siervos de , é hízose allí en aquel día una gran matanza de veinte mil hombres; Y derramándose allí el ejército por la haz de toda la tierra, fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo, que los que consumió el cuchillo aquel día. Y encontróse con los siervos de : é iba sobre un mulo, y el mulo se entró debajo de un espeso y grande alcornoque, y asiósele la cabeza al alcornoque, y quedó entre el cielo y la tierra; pues el mulo en que iba pasó delante. Y viéndolo uno, avisó á , diciendo: He aquí que he visto á colgado de un alcornoque. Y respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le heriste luego allí echándole á tierra? y sobre mí, que te hubiera dado diez siclos de plata, y un talabarte. Y el hombre dijo á : Aunque me importara en mis manos mil siclos de plata, no extendiera yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros lo oímos cuando el rey te mandó á ti y á y á , diciendo: Mirad que ninguno toque en el joven . Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida (pues que al rey nada se le esconde), y tú mismo estarías en contra. Y respondió : No es razón que yo te ruegue. Y tomando tres dardos en sus manos, hincólos en el corazón de , que aun estaba vivo en medio del alcornoque. Cercándolo luego diez mancebos escuderos de , hirieron á , y acabáronle. Entonces tocó la corneta, y el pueblo se volvió de seguir á , porque detuvo al pueblo. Tomando después á , echáronle en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un muy grande montón de piedras; y todo huyó, cada uno á sus estancias. Y había en su vida tomado y levantádose una columna, la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna de su nombre: y así se llamó el de , hasta hoy. Entonces hijo de dijo: ¿é ahora, y daré las nuevas al rey de como á ha defendido su causa de la mano de sus enemigos? Y respondió : Hoy no llevarás las nuevas: las llevarás otro día: no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey es muerto. Y dijo á : Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y hizo reverencia á , y corrió. Entonces hijo de tornó á decir á : Sea lo que fuere, yo correré ahora tras . Y dijo: Hijo mío, ¿para qué has tú de correr, pues que no hallarás premio por las nuevas? Mas él respondió: Sea lo que fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió pues por el camino de la llanura, y pasó delante de . Estaba á la sazón sentado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado de sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vió á uno que corría solo. El atalaya dió luego voces, é hízolo saber al rey. Y el rey dijo: Si es solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía acercándose, Vió el atalaya otro que corría; y dió voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey dijo: Éste también es mensajero. Y el atalaya volvió á decir: Paréceme el correr del primero como el correr de hijo de . Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buena nueva. Entonces dijo en alta voz al rey: Paz. E inclinóse á tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea á tuyo, que ha entregado á los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey. Y el rey dijo: ¿El mozo tiene paz? Y respondió: Vi yo un grande alboroto cuando envió al siervo del rey y á mí tu siervo; mas no sé qué era. Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y paróse. Y luego vino , y dijo: Reciba nueva mi señor el rey, que hoy á ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti. El rey entonces dijo á : ¿El mozo tiene paz? Y respondió: Como aquel mozo sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levantan contra ti para mal. Entonces el rey se turbó, y subióse á la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡ mío , hijo mío, hijo mío ! ¡én me diera que muriera yo en lugar de ti, , hijo mío, hijo mío!