Acts 16:6
“Y pasando á Phrygia y la provincia de Galacia, les fué prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.”
Acts 16:6 — Reina-Valera 1909
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Acts 16 — full chapter (Reina-Valera 1909)
DESPUÉS llegó á , y á : y he aquí, estaba allí un discípulo llamado , hijo de una mujer ía fiel, mas de padre . De éste daban buen testimonio los hermanos que estaban en y en . Este quiso que fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los íos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era . Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en . Así que, las iglesias eran confirmadas en fe, y eran aumentadas en número cada día. Y pasando á y la provincia de , les fué prohibido por el íritu hablar la palabra en . Y como vinieron á , tentaron de ir á ; mas el íritu no les dejó. Y pasando á , descendieron á . Y fué mostrada á de noche una visión: Un varón se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa á , y ayúdanos. Y como vió la visión, luego procuramos partir á , dando por cierto que nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Partidos pues de , vinimos camino derecho á , y el día siguiente á Neápolis; Y de allí á , que es la primera ciudad de la parte de , y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y un día de sábado salimos de la puerta junto al río, donde solía ser la oración; y sentándonos, hablamos á las mujeres que se habían juntado. Entonces una mujer llamada , que vendía púrpura en la ciudad de , temerosa de , estaba oyendo; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta á lo que decía. Y cuando fué bautizada, y su familia, nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y constriñónos. Y aconteció, que yendo nosotros á la oración, una muchacha que tenía espíritu pitónico, nos salió al encuentro, la cual daba grande ganancia á sus adivinando. Esta, siguiendo á y á nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del , los cuales os anuncian el camino de salud. Y esto hacía por muchos días; mas desagradando á , se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de , que salgas de ella. Y salió en la misma hora. Y viendo sus que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron á y á , y los trajeron al foro, al magistrado; Y presentándolos á los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo íos, alborotan nuestra ciudad, Y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos . Y agolpóse el pueblo contra ellos: y los magistrados rompiéndoles sus ropas, les mandaron azotar con varas. Y después que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia: El cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro; y les apretó los pies en el cepo. Mas á noche, orando y , cantaban himnos á : y los que estaban presos los oían. Entonces fué hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos se soltaron. Y despertado el carcelero, como vió abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se quería matar, pensando que los presos se habían huído. Mas clamó á gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal; que todos estamos aquí. El entonces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse á los pies de y de ; Y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor , y serás salvo tú, y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor, y á todos los que estaban en su casa. Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes; y se bautizó luego él, y todos los suyos. Y llevándolos á su casa, les puso la mesa: y se gozó de que con toda su casa había creído á . Y como fué de día, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Deja ir á aquellos hombres. Y el carcelero hizo saber estas palabras á : Los magistrados han enviado á decir que seáis sueltos: así que ahora salid, é id en paz. Entonces les dijo: Azotados públicamente sin ser condenados, siendo hombres , nos echaron en la cárcel; y ¿ahora nos echan encubiertamente? No, de cierto, sino vengan ellos y sáquennos. Y los alguaciles volvieron á decir á los magistrados estas palabras: y tuvieron miedo, oído que eran . Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que se saliesen de la ciudad. Entonces salidos de la cárcel, entraron en casa de ; y habiendo visto á los hermanos, los consolaron, y se salieron.