Acts 27:4
“Y haciéndonos á la vela desde allí, navegamos bajo de Cipro, porque los vientos eran contrarios.”
Acts 27:4 — Reina-Valera 1909
Verse 4 of 44 in Acts chapter 27 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
Acts 27 — full chapter (Reina-Valera 1909)
MAS como fué determinado que habí de navegar para , entregaron á y á algunos otros presos á un centurión, llamado , de la compañía . Así que, embarcándonos en una nave , partimos, estando con nosotros , Macedonio de ónica, para navegar junto á los lugares de . Y otro día llegamos á ón; y , tratando á con humanidad, permitióle que fuese á los amigos, para ser de ellos asistido. Y haciéndonos á la vela desde allí, navegamos bajo de , porque los vientos eran contrarios. Y habiendo pasado la mar de y , arribamos á , ciudad de . Y hallando allí el centurión una nave que navegaba á , nos puso en ella. Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de , no dejándonos el viento, navegamos bajo de , junto á ón. Y costeándola difícilmente, llegamos á un lugar que llaman , cerca del cual estaba la ciudad de . Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba, Diciéndoles: Varones, veo que con trabajo y mucho daño, no sólo de la cargazón y de la nave, mas aun de nuestras personas, habrá de ser la navegación. Mas el centurión creía más al piloto y al patrón de la nave, que á lo que decía. Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron pasar aún de allí, por si pudiesen arribar á é invernar allí, que es un puerto de que mira al y . Y soplando el austro, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando velas, iban cerca de la costa de . Mas no mucho después dió en ella un viento repentino, que se llama ón. Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo resistir contra el viento, la dejamos, y éramos llevados. Y habiendo corrido á sotavento de una pequeña isla que se llama , apenas pudimos ganar el esquife: El cual tomado, usaban de remedios, ciñendo la nave; y teniendo temor de que diesen en la , abajadas las velas, eran así llevados. Mas siendo atormentados de una vehemente tempestad, al siguiente día alijaron; Y al tercer día nosotros con nuestras manos arrojamos los aparejos de la nave. Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña, ya era perdida toda la esperanza de nuestra salud. Entonces , habiendo ya mucho que no comí, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no partir de , y evitar este inconveniente y daño. Mas ahora os amonesto que tengáis buen ánimo; porque ninguna pérdida habrá de persona de vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del del cual yo soy, y al cual sirvo, Diciendo: Pablo, no temas; es menester que seas presentado delante de César; y he aquí, Dios te ha dado todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en que será así como me ha dicho; Si bien es menester que demos en una isla. Y venida la décimacuarta noche, y siendo llevados por el mar ático, los marineros á la noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra; Y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo á echar la sonda, hallaron quince brazas. Y habiendo temor de dar en lugares escabrosos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de día. Entonces procurando los marineros huir de la nave, echado que hubieron el esquife á la mar, aparentando como que querían largar las anclas de proa, Pablo dijo al centurión y á los soldados: Si éstos no quedan en la nave, vosotros no podéis salvaros. Entonces los soldados cortaron los cabos del esquife, y dejáronlo perder. Y como comenzó á ser de día, Pablo exhortaba á todos que comiesen, diciendo: Este es el décimocuarto día que esperáis y permanecéis ayunos, no comiendo nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomando el pan, hizo gracias á en presencia de todos, y partiendo, comenzó á comer. Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. Y satisfechos de comida, aliviaban la nave, echando el grano á la mar. Y como se hizo de día, no conocían la tierra: mas veían un golfo que tenía orilla, al cual acordaron echar, si pudiesen, la nave. Cortando pues las anclas, las dejaron en la mar, largando también las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse á la orilla. Mas dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, estaba sin moverse, y la popa se abría con la fuerza de la mar. Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque ninguno se fugase nadando. Mas el centurión, queriendo salvar á , estorbó este acuerdo, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen á tierra; Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo á tierra.