Acts 28:8

“Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó:”

Acts 28:8 — Reina-Valera 1909

Verse 8 of 31 in Acts chapter 28 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

Acts 28 — full chapter (Reina-Valera 1909)

Y CUANDO escapamos, entonces supimos que la isla se llamaba . Y los bárbaros nos mostraron no poca humanidad; porque, encendido un fuego, nos recibieron á todos, á causa de la lluvia que venía, y del frío. Entonces habiendo recogido algunos sarmientos, y puéstolos en el fuego, una víbora, huyendo del calor, le acometió á la mano. Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decían los unos á los otros: Ciertamente este hombre es homicida, á quien, escapado de la mar, la justicia no deja vivir. Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún mal padeció. Empero ellos estaban esperando cuándo se había de hinchar, ó caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudados, decían que era un dios. En aquellos lugares había heredades del principal de la isla, llamado , el cual nos recibió y hospedó tres días humanamente. Y aconteció que el padre de estaba en cama, enfermo de fiebres y de disentería: al cual entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó: Y esto hecho, también los otros que en la isla tenían enfermedades, llegaban, y eran sanados: Los cuales también nos honraron con muchos obsequios; y cuando partimos, nos cargaron de las cosas necesarias. Así que, pasados tres meses, navegamos en una nave que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña á Cástor y Pólux. Y llegados á , estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, vinimos á ; y otro día después, soplando el austro, vinimos al segundo día á : Donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos siete días; y luego vinimos á ; De donde, oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron á recibir hasta la plaza de , y : á los cuales como vió, dió gracias á , y tomó aliento. Y como llegamos á , el centurión entregó los presos al prefecto de los ejércitos, mas á fué permitido estar por sí, con un soldado que le guardase. Y aconteció que tres días después, Pablo convocó á los principales de los íos; á los cuales, luego que estuvieron juntos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra los ritos de la patria, he sido entregado preso desde en manos de los ; Los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. Mas contradiciendo los íos, fuí forzado á apelar á César; no que tenga de qué acusar á mi nación. Así que, por esta causa, os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de estoy rodeado de esta cadena. Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas tocante á ti de , ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado ó hablado algún mal de ti. Mas querrí oir de ti lo que sientes; porque de esta secta notorio nos es que en todos lugares es contradicha. Y habiéndole señalado un día, vinieron á él muchos á la posada, á los cuales declaraba y testificaba el reino de , persuadiéndoles lo concerniente á ús, por la ley de és y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde. Y algunos asentían á lo que se decía, mas algunos no creían. Y como fueron entre sí discordes, se fueron, diciendo esta palabra: Bien ha hablado el íritu por el profeta ías á nuestros padres, Diciendo: Ve á este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis: Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y de los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos taparon; porque no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane. Séaos pues notorio que á los es enviada esta salud de : y ellos oirán. Y habiendo dicho esto, los íos salieron, teniendo entre sí gran contienda. Pablo empero, quedó dos años enteros en su casa de alquiler, y recibía á todos los que á él venían, Predicando el reino de y enseñando lo que es del Señor con toda libertad, sin impedimento.

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