Acts 5:33
“Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos.”
Acts 5:33 — Reina-Valera 1909
Verse 33 of 42 in Acts chapter 5 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
Acts 5 — full chapter (Reina-Valera 1909)
MAS un varón llamado ías, con su mujer, vendió una posesión, Y defraudó del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, púsola á los pies de los apóstoles. Y dijo : Ananías, ¿por qué ha llenado ás tu corazón á que mintieses al íritu , y defraudases del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba á ti? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿ qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido á los hombres, sino á . Entonces ías, oyendo estas palabras, cayó y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los mancebos, le tomaron, y sacándolo, sepultáronlo. Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces le dijo: Dime: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y le dijo: ¿ qué os concertasteis para tentar al íritu del Señor? He aquí á la puerta los pies de los que han sepultado á tu marido, y te sacarán. Y luego cayó á los pies de él, y espiró: y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto á su marido. Y vino un gran temor en toda la iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas. Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de ón. Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor se aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; Tanto que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo , á lo menos su sombra tocase á alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas concurría multitud á , trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; los cuales todos eran curados. Entonces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la secta de los , se llenaron de celo; Y echaron mano á los apóstoles, y pusiéronlos en la cárcel pública. Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida. Y oído que hubieron esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de , y enviaron á la cárcel para que fuesen traídos. Mas como llegaron los ministros, y no los hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso, Diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas; mas cuando abrimos, á nadie hallamos dentro. Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría á parar aquello. Pero viniendo uno, dióles esta noticia: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces fué el magistrado con los ministros, y trájolos sin violencia; porque temían del pueblo ser apedreados. Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el príncipe de los sacerdotes les preguntó, Diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? y he aquí, habéis llenado á de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre. Y respondiendo y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer á antes que á los hombres. El de nuestros padres levantó á ús, al cual vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste ha ensalzado con su diestra por Príncipe y , para dar á arrepentimiento y remisión de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el íritu , el cual ha dado á los que le obedecen. Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos. Entonces levantándose en el concilio un llamado , doctor de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los apóstoles. Y les dijo: Varones , mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer. Porque antes de estos días se levantó , diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres como cuatrocientos: el cual fué matado; y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos á nada. Después de éste, se levantó el en los días del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también aquél; y todos los que consintieron con él, fueron derramados. Y ahora os digo: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo ó esta obra es de los hombres, se desvanecerá: Mas si es de , no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo á . Y convinieron con él: y llamando á los apóstoles, después de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre de ús, y soltáronlos. Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el . Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar á .