Acts 8:5
“Entonces Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á Cristo.”
Acts 8:5 — Reina-Valera 1909
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Acts 8 — full chapter (Reina-Valera 1909)
Y SAULO consentía en su muerte. Y en aquel día se hizo una grande persecución en la iglesia que estaba en ; y todos fueron esparcidos por las tierras de y de , salvo los apóstoles. Y llevaron á enterrar á varones piadosos, é hicieron gran llanto sobre él. Entonces asolaba la iglesia, entrando por las casas: y trayendo hombres y mujeres, los entregaba en la cárcel. Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra. Entonces , descendiendo á la ciudad de , les predicaba á . Y las gentes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decía , oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados: Así que había gran gozo en aquella ciudad. Y había un hombre llamado ón, el cual había sido antes mágico en aquella ciudad, y había engañado la gente de , diciéndose ser algún grande: Al cual oían todos atentamente desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es la gran virtud de . Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había embelesado mucho tiempo. Mas cuando creyeron á , que anunciaba el evangelio del reino de y el nombre de , se bautizaban hombres y mujeres. El mismo ón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó á : y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito. Y los apóstoles que estaban en , habiendo oído que había recibido la palabra de , les enviaron á y á : Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el íritu ; (Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de ús.) Entonces les impusieron las manos, y recibieron el íritu . Y como vió ón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el íritu , les ofreció dinero, Diciendo: Dadme también á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el íritu . Entonces le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de se gane por dinero. No tienes tú parte ni suerte en este negocio; porque tu corazón no es recto delante de . Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á , si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazón. Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces ón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas que habéis dicho, venga sobre mí. Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de , se volvieron á , y en muchas tierras de los anunciaron el evangelio. Empero el ángel del Señor habló á , diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía, al camino que desciende de á , el cual es desierto. Entonces él se levantó, y fué: y he aquí un , eunuco, gobernador de , reina de los , el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido á adorar á , Se volvía sentado en su carro, y leyendo el profeta ías. Y el íritu dijo á : Llégate, y júntate á este carro. Y acudiendo , le oyó que leía el profeta ías, y dijo: Mas ¿entiendes lo que lees? Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á que subiese, y se sentase con él. Y el lugar de la que leía, era éste: Como oveja á la muerte fué llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su boca: En su humillación su juicio fué quitado: mas su generación, ¿quién la contará? porque es quitada de la tierra su vida. Y respondiendo el eunuco á , dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno? Entonces , abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de ús. Y yendo por el camino, llegaron á cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Y dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que es el de . Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle. Y como subieron del agua, el íritu del Señor arrebató á ; y no le vió más el eunuco, y se fué por su camino gozoso. Felipe empero se halló en : y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó á .