Daniel 9:19

“Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.”

Daniel 9:19 — Reina-Valera 1909

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Daniel 9 — full chapter (Reina-Valera 1909)

EN el año primero de ío hijo de , de la nación de los , el cual fué puesto por rey sobre el reino de los ; En el año primero de su reinado, yo miré atentamente en los libros el número de los años, del cual habló á al profeta ías, que había de concluir la asolación de en setenta años. Y volví mi rostro al Señor , buscándole en oración y ruego, en ayuno, y cilicio, y ceniza. Y oré á á mi , y confesé, y dije: Ahora Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios. No hemos obedecido á tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron á nuestros reyes, y á nuestros príncipes, á nuestros padres, y á todo el pueblo de la tierra. Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy á todo hombre de á, y á los moradores de , y á todo , á los de cerca y á los de lejos, en todas las tierras á donde los has echado á causa de su rebelión con que contra ti se rebelaron. Oh á, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De á nuestro es el tener misericordia, y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado; Y no obedecimos á la voz de á nuestro , para andar en sus leyes, las cuales puso él delante de nosotros por mano de sus siervos los profetas. Y todo traspasó tu ley apartándose para no oir tu voz: por lo cual ha fluído sobre nosotros la maldición, y el juramento que está escrito en la ley de és, siervo de ; porque contra él pecamos. Y él ha verificado su palabra que habló sobre nosotros, y sobre nuestros jueces que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; que nunca fué hecho debajo del cielo como el que fué hecho en . Según está escrito en la ley de és, todo aqueste mal vino sobre nosotros: y no hemos rogado á la faz de á nuestro , para convertirnos de nuestras maldades, y entender tu verdad. Veló por tanto á sobre el mal, y trájolo sobre nosotros; porque justo es á nuestro en todas sus obras que hizo, porque no obedecimos á su voz. Ahora pues, Señor nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de con mano poderosa, y te hiciste nombre cual en este día; hemos pecado, impíamente hemos hecho. Oh Señor, según todas tus justicias, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad , tu santo monte: porque á causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, y tu pueblo dados son en oprobio á todos en derredor nuestro. Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestros asolamientos, y la ciudad sobre la cual es llamado tu nombre: porque no derramamos nuestros ruegos ante tu acatamiento confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas miseraciones. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y haz; no pongas dilación, por amor de ti mismo, Dios mío: porque tu nombre es llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo. Aun estaba hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo , y derramaba mi ruego delante de á mi por el monte santo de mi ; Aun estaba hablando en oración, y aquel varón , al cual había visto en visión al principio, volando con presteza, me tocó como á la hora del sacrificio de la tarde. E hízome entender, y habló conmigo, y dijo: , ahora he salido para hacerte entender la declaración. Al principio de tus ruegos salió la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres varón de deseos. Entiende pues la palabra, y entiende la visión. Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al de los santos. Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar á hasta el ías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse á edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al ías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá á la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos. Y en otra semana confirmará el pacto á muchos, y á la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar, y esto hasta una entera consumación; y derramaráse la ya determinada sobre el pueblo asolado.

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