Deuteronomy 9:6
“Por tanto, sabe que no por tu justicia Jehová tu Dios te da esta buena tierra para poseerla; que pueblo duro de cerviz eres tú.”
Deuteronomy 9:6 — Reina-Valera 1909
Verse 6 of 29 in Deuteronomy chapter 9 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
Deuteronomy 9 — full chapter (Reina-Valera 1909)
OYE, : tú estás hoy para pasar el án, para entrar á poseer gentes más numerosas y más fuertes que tú, ciudades grandes y encastilladas hasta el cielo, Un pueblo grande y alto, hijos de gigantes, de los cuales tienes tú conocimiento, y has oído decir: ¿én se sostendrá delante de los hijos del gigante? Sabe, pues, hoy que á tu es el que pasa delante de ti, fuego consumidor, que los destruirá y humillará delante de ti: y tú los echarás, y los destruirás luego, como á te ha dicho. No discurras en tu corazón cuando á tu los habrá echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha metido á á poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas gentes á las echa de delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras á poseer la tierra de ellos; mas por la impiedad de estas gentes á tu las echa de delante de ti, y por confirmar la palabra que á juró á tus padres , , y . Por tanto, sabe que no por tu justicia á tu te da esta buena tierra para poseerla; que pueblo duro de cerviz eres tú. Acuérdate, no te olvides que has provocado á ira á á tu en el desierto: desde el día que saliste de la tierra de , hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes á á. Y en provocasteis á ira á á, y enojóse á contra vosotros para destruiros. Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que á hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua: Y dióme á las dos tablas de piedra escritas con el dedo de ; y en ellas estaba escrito conforme á todas las palabras que os habló á en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea. Y fué al cabo de los cuarenta días y cuarenta noches, que á me dió las dos tablas de piedra, las tablas del pacto. Y díjome á: Levántate, desciende presto de aquí; que tu pueblo que sacaste de se ha corrompido: pronto se han apartado del camino que yo les mandé: hanse hecho una efigie de fundición. Y hablóme á, diciendo: He visto ese pueblo, y he aquí, que él es pueblo duro de cerviz: Déjame que los destruya, y raiga su nombre de debajo del cielo; que yo te pondré sobre gente fuerte y mucha más que ellos. Y volví y descendí del monte, el cual ardía en fuego, con las tablas del pacto en mis dos manos. Y miré, y he aquí habíais pecado contra á vuestro : os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos presto del camino que á os había mandado. Entonces tomé las dos tablas, y arrojélas de mis dos manos, y quebrélas delante de vuestros ojos. Y postréme delante de á, como antes, cuarenta días y cuarenta noches: no comí pan ni bebí agua, á causa de todo vuestro pecado que habíais cometido haciendo mal en ojos de á para enojarlo. Porque temí á causa del furor y de la ira con que á estaba enojado contra vosotros para destruiros. Pero á me oyó aún esta vez. Contra ón también se enojó á en gran manera para destruirlo: y también oré por ón entonces. Y tomé vuestro pecado, el becerro que habíais hecho, y quemélo en el fuego, y lo desmenucé moliéndole muy bien, hasta que fué reducido á polvo: y eché el polvo de él en el arroyo que descendía del monte. También en , y en , y en -hataavah, enojasteis á á. Y cuando á os envió desde -barnea, diciendo, Subid y poseed la tierra que yo os he dado; también fuisteis rebeldes al dicho de á vuestro , y no lo creisteis, ni obedecisteis á su voz. Rebeldes habéis sido á á desde el día que yo os conozco. Postréme, pues, delante de á cuarenta días y cuarenta noches que estuve postrado; porque á dijo que os había de destruir. Y oré á á, diciendo: Oh Señor á, no destruyas tu pueblo y tu heredad que has redimido con tu grandeza, al cual sacaste de con mano fuerte. Acuérdate de tus siervos , , y ; no mires á la dureza de este pueblo, ni á su impiedad, ni á su pecado: Porque no digan los de la tierra de donde nos sacaste: Por cuanto no pudo á introducirlos en la tierra que les había dicho, ó porque los aborrecía, los sacó para matarlos en el desierto. Y ellos son tu pueblo y tu heredad, que sacaste con tu gran fortaleza y con tu brazo extendido.