Exodus 10:20
“Mas Jehová endureció el corazón de Faraón; y no envió los hijos de Israel.”
Exodus 10:20 — Reina-Valera 1909
Verse 20 of 29 in Exodus chapter 10 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
Exodus 10 — full chapter (Reina-Valera 1909)
Y JEHOVÁ dijo á és: Entra á ón; porque yo he agravado su corazón, y el corazón de sus siervos, para dar entre ellos estas mis señales; Y para que cuentes á tus hijos y á tus nietos las cosas que yo hice en , y mis señales que dí entre ellos; y para que sepáis que yo soy á. Entonces vinieron és y ón á ón, y le dijeron: Jehová, el de los , ha dicho así: ¿ cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir á mi pueblo para que me sirvan. Y si aun rehusas dejarlo ir, he aquí que yo traeré mañana langosta en tus términos, La cual cubrirá la faz de la tierra, de modo que no pueda verse la tierra; y ella comerá lo que quedó salvo, lo que os ha quedado del granizo; comerá asimismo todo árbol que os produce fruto en el campo: Y llenarse han tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los , cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y volvióse, y salió de con ón. Entonces los siervos de ón le dijeron: ¿ cuándo nos ha de ser éste por lazo? Deja ir á estos hombres, para que sirvan á á su ; ¿aun no sabes que está destruído? Y és y ón volvieron á ser llamados á ón, el cual les dijo: Andad, servid á á vuestro . ¿én y quién son los que han de ir? Y és respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas: con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque tenemos solemnidad de á. Y él les dijo: Así sea á con vosotros como yo os dejaré ir á vosotros y á vuestros niños: mirad como el mal está delante de vuestro rostro. No será así: id ahora vosotros los varones, y servid á á: pues esto es lo que vosotros demandasteis. Y echáronlos de delante de ón. Entonces á dijo á és: Extiende tu mano sobre la tierra de para langosta, á fin de que suba sobre el país de , y consuma todo lo que el granizo dejó. Y extendió és su vara sobre la tierra de , y á trajo un viento oriental sobre el país todo aquel día y toda aquella noche; y á la mañana el viento oriental trajo la langosta: Y subió la langosta sobre toda la tierra de , y asentóse en todos los términos de , en gran manera grave: antes de ella no hubo langosta semejante, ni después de ella vendrá otra tal; Y cubrió la faz de todo el país, y oscurecióse la tierra; y consumió toda la hierba de la tierra, y todo el fruto de los árboles que había dejado el granizo; que no quedó cosa verde en árboles ni en hierba del campo, por toda la tierra de . Entonces ón hizo llamar apriesa á és y á ón, y dijo: He pecado contra á vuestro , y contra vosotros. Mas ruego ahora que perdones mi pecado solamente esta vez, y que oréis á á vuestro que quite de mí solamente esta muerte. Y salió de con ón, y oró á á. Y á volvió un viento occidental fortísimo, y quitó la langosta, y arrojóla en el mar : ni una langosta quedó en todo el término de . Mas á endureció el corazón de ón; y no envió los hijos de . Y á dijo á és: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de , tales que cualquiera las palpe. Y extendió és su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas tres días por toda la tierra de . Ninguno vió á su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de tenían luz en sus habitaciones. Entonces ón hizo llamar á és, y dijo: Id, servid á á; solamente queden vuestras ovejas y vuestras vacas: vayan también vuestros niños con vosotros. Y és respondió: Tú también nos entregarás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos á á nuestro . Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una uña; porque de ellos hemos de tomar para servir á á nuestro ; y no sabemos con qué hemos de servir á á, hasta que lleguemos allá. Mas á endureció el corazón de ón, y no quiso dejarlos ir. Y díjole ón: Retírate de mí: guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás. Y és respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro.