Exodus 9:33

“Y salido Moisés de con Faraón de la ciudad, extendió sus manos á Jehová, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra.”

Exodus 9:33 — Reina-Valera 1909

Verse 33 of 35 in Exodus chapter 9 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

Exodus 9 — full chapter (Reina-Valera 1909)

ENTONCES á dijo á és: Entra á ón, y dile: Jehová, el de los , dice así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan; Porque si no lo quieres dejar ir, y los detuvieres aún, He aquí la mano de á será sobre tus ganados que están en el campo, caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas, con pestilencia gravísima: Y á hará separación entre los ganados de y los de , de modo que nada muera de todo lo de los hijos de . Y á señaló tiempo, diciendo: Mañana hará á esta cosa en la tierra. Y el día siguiente á hizo aquello, y murió todo el ganado de ; mas del ganado de los hijos de no murió uno. Entonces ón envió, y he aquí que del ganado de los hijos de no había muerto uno. Mas el corazón de ón se agravó, y no dejó ir al pueblo. Y á dijo á és y á ón: Tomad puñados de ceniza de un horno, y espárzala és hacia el cielo delante de ón: Y vendrá á ser polvo sobre toda la tierra de , el cual originará sarpullido que cause tumores apostemados en los hombres y en las bestias, por todo el país de . Y tomaron la ceniza del horno, y pusiéronse delante de ón, y esparcióla és hacia el cielo; y vino un sarpullido que causaba tumores apostemados así en los hombres como en las bestias. Y los magos no podían estar delante de és á causa de los tumores, porque hubo sarpullido en los magos y en todos los . Y á endureció el corazón de ón, y no los oyó; como á lo había dicho á és. Entonces á dijo á és: Levántate de mañana, y ponte delante de ón, y dile: Jehová, el de los , dice así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirva. Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas á tu corazón, sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra. Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte á ti y á tu pueblo de pestilencia, y serás quitado de la tierra. Y á la verdad yo te he puesto para declarar en ti mi potencia, y que mi sea contado en toda la tierra. ¿ía te ensalzas tú contra mi pueblo, para no dejarlos ir? He aquí que mañana á estas horas yo haré llover granizo muy grave, cual nunca fué en , desde el día que se fundó hasta ahora. Envía, pues, á recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre ó animal que se hallare en el campo, y no fuere recogido á casa, el granizo descenderá sobre él, y morirá. De los siervos de ón el que temió la palabra de á, hizo huir sus criados y su ganado á casa: Mas el que no puso en su corazón la palabra de á, dejó sus criados y sus ganados en el campo. Y á dijo á és: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de . Y és extendió su vara hacia el cielo, y á hizo tronar y granizar, y el fuego discurría por la tierra; y llovió á granizo sobre la tierra de . Hubo pues granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de desde que fué habitada. Y aquel granizo hirió en toda la tierra de todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo hirió el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país. Solamente en la tierra de én, donde los hijos de estaban, no hubo granizo. Entonces ón envió á llamar á és y á ón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad á á: y cesen los truenos de y el granizo; y yo os dejaré ir, y no os detendréis más. Y respondióle és: En saliendo yo de la ciudad extenderé mis manos á á, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de á es la tierra. Mas yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia del á. El lino, pues, y la cebada fueron heridos; porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña. Mas el trigo y el centeno no fueron heridos; porque eran tardíos. Y salido és de con ón de la ciudad, extendió sus manos á á, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra. Y viendo ón que la lluvia había cesado y el granizo y los truenos, perseveró en pecar, y agravó su corazón, él y sus siervos. Y el corazón de ón se endureció, y no dejó ir á los hijos de ; como á lo había dicho por medio de és.

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