Genesis 37:27

“Venid, y vendámosle á los Ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; que nuestro hermano es nuestra carne. Y sus hermanos acordaron con él.”

Genesis 37:27 — Reina-Valera 1909

Verse 27 of 36 in Genesis chapter 37 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

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Genesis 37 — full chapter (Reina-Valera 1909)

Y HABITÓ en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de án. Estas fueron las generaciones de . José, siendo de edad de diez y siete años apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de , y con los hijos de , mujeres de su padre: y noticiaba é á su padre la mala fama de ellos. Y amaba á é más que á todos sus hijos, porque le había tenido en su vejez: y le hizo una ropa de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que á todos sus hermanos, aborrecíanle, y no le podían hablar pacíficamente. Y soñó é un sueño, y contólo á sus hermanos; y ellos vinieron á aborrecerle más todavía. Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba, y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor, y se inclinaban al mío. Y respondiéronle sus hermanos: ¿ de reinar tú sobre nosotros, ó te has de enseñorear sobre nosotros? Y le aborrecieron aún más á causa de sus sueños y de sus palabras. Y soñó aún otro sueño, y contólo á sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban á mí. Y contólo á su padre y á sus hermanos: y su padre le reprendió, y díjole: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿ de venir yo y tu madre, y tus hermanos, á inclinarnos á ti á tierra? Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre paraba la consideración en ello. Y fueron sus hermanos á apacentar las ovejas de su padre en êm. Y dijo á é: Tus hermanos apacientan las ovejas en êm: ven, y te enviaré á ellos. Y él respondió: Heme aquí. Y él le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y enviólo del valle de ón, y llegó á êm. Y hallólo un hombre, andando él perdido por el campo, y preguntóle aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? Y él respondió: Busco á mis hermanos: ruégote que me muestres dónde pastan. Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos á án. Entonces é fué tras de sus hermanos, y hallólos en án. Y como ellos lo vieron de lejos, antes que cerca de ellos llegara, proyectaron contra él para matarle. Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador; Ahora pues, venid, y matémoslo y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia le devoró: y veremos qué serán sus sueños. Y como én oyó esto, librólo de sus manos, y dijo: No lo matemos. Y díjoles én: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver á su padre. Y sucedió que, cuando llegó é á sus hermanos, ellos hicieron desnudar á é su ropa, la ropa de colores que tenía sobre sí; Y tomáronlo, y echáronle en la cisterna; mas la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. Y sentáronse á comer pan: y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de que venía de , y sus camellos traían aromas y bálsamo y mirra, é iban á llevarlo á . Entonces á dijo á sus hermanos: ¿Qué provecho el que matemos á nuestro hermano y encubramos su muerte? Venid, y vendámosle á los , y no sea nuestra mano sobre él; que nuestro hermano es nuestra carne. Y sus hermanos acordaron con él. Y como pasaban los mercaderes, sacaron ellos á é de la cisterna, y trajéronle arriba, y le vendieron á los por veinte piezas de plata. Y llevaron á é á . Y én volvió á la cisterna, y no halló á é dentro, y rasgó sus vestidos. Y tornó á sus hermanos, y dijo: El mozo no parece; y yo, ¿adónde iré yo? Entonces tomaron ellos la ropa de é, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la ropa con la sangre; Y enviaron la ropa de colores y trajéronla á su padre, y dijeron: Esta hemos hallado, reconoce ahora si es ó no la ropa de tu hijo. Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo es; alguna mala bestia le devoró; José ha sido despedazado. Entonces rasgó sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y enlutóse por su hijo muchos días. Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso tomar consolación, y dijo: Porque yo tengo de descender á mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y llorólo su padre. Y los lo vendieron en á , eunuco de ón, capitán de los de la guardia.

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