John 11:19

“Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano.”

John 11:19 — Reina-Valera 1909

Verse 19 of 57 in John chapter 11 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

John 11 — full chapter (Reina-Valera 1909)

ESTABA entonces enfermo uno llamado Lázaro, de , la aldea de ía y de su hermana. (Y ía, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos.) Enviaron, pues, sus hermanas á él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo. Y oyéndolo ús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de , para que el de sea glorificado por ella. Y amaba ús á , y á su hermana, y á Lázaro. Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos á otra vez. Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los íos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? Respondió ús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará. Mas esto decía ús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos á él. Dijo entonces ás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él. Vino pues ús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro. Y estaba cerca de , como quince estadios; Y muchos de los íos habían venido á y á ía, á consolarlas de su hermano. Entonces , como oyó que ús venía, salió á encontrarle; mas ía se estuvo en casa. Y dijo á ús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto; Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de , te dará . Dícele ús: Resucitará tu hermano. Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. Dícele ús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿ esto? Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el , el de , que has venido al mundo. Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á ía su hermana, diciendo: El está aquí y te llama. Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á él. (Que aun no había llegado ús á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde le había encontrado.) Entonces los íos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que ía se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí. Mas ía, como vino donde estaba ús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano. Jesús entonces, como la vió llorando, y á los íos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse, Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve. Y lloró ús. Dijeron entonces los íos: Mirad cómo le amaba. Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera? Y ús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro. Era una cueva, la cual tenía una piedra encima. Dice ús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días. Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de ? Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y ús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído. Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera. Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles ús: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los íos que habían venido á ía, y habían visto lo que había hecho ús, creyeron en él. Mas algunos de ellos fueron á los , y dijéronles lo que ús había hecho. Entonces los pontífices y los juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los , y quitarán nuestro lugar y la nación. Y ás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda. Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que ús había de morir por la nación: Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno los hijos de que estaban derramados. Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle. Por tanto, Jesús ya no andaba manifiestamente entre los íos; mas fuése de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama : y estábase allí con sus discípulos. Y la de los íos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra á antes de la , para purificarse; Y buscaban á ús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá á la fiesta? Y los pontífices y los habían dado mandamiento, que si alguno supiese dónde estuviera, lo manifestase, para que le prendiesen.

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