John 4:2
“(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),”
John 4:2 — Reina-Valera 1909
Verse 2 of 54 in John chapter 4 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
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John 4 — full chapter (Reina-Valera 1909)
DE manera que como ús entendió que los habían oído que ús hacía y bautizaba más discípulos que , (Aunque ús no bautizaba, sino sus discípulos), Dejó á , y fuése otra vez á . Y era menester que pasase por . Vino, pues, á una ciudad de que se llamaba âr, junto á la heredad que dió á é su hijo. Y estaba allí la fuente de . Pues ús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta. Vino una mujer de á sacar agua: y ús le dice: Dame de beber. (Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.) Y la mujer le dice: ¿Cómo tú, siendo ío, me pides á mí de beber, que soy mujer ? porque los íos no se tratan con los . Respondió ús y díjole: Si conocieses el don de , y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva. La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva? ¿ tú mayor que nuestro padre , que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados? Respondió ús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed; Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla. Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá. Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele ús: Bien has dicho, No tengo marido; Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en es el lugar donde es necesario adorar. Dícele ús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en adoraréis al . Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los íos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al en espíritu y en verdad; porque también el tales adoradores busca que le adoren. Dios es íritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Dícele la mujer: Sé que el ías ha de venir, el cual se dice el : cuando él viniere nos declarará todas las cosas. Dícele ús: Yo soy, que hablo contigo. Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres: Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el ? Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él. Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come. Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer? Díceles ús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega. Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega. Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores. Y muchos de los de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho. Viniendo pues los á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él. Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el del mundo, el . Y dos días después, salió de allí, y fuése á . Porque el mismo ús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra. Y como vino á , los le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta. Vino pues ús otra vez á á de , donde había hecho el vino del agua. Y había en uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este, como oyó que ús venía de á , fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir. Entonces ús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis. El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Dícele ús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que ús le dijo, y se fué. Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando ús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa. Esta segunda señal volvió ús á hacer, cuando vino de á .