John 6:4
“Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos.”
John 6:4 — Reina-Valera 1909
Verse 4 of 71 in John chapter 6 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
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John 6 — full chapter (Reina-Valera 1909)
PASADAS estas cosas, fuése ús de la otra parte de la mar de , que es de . Y seguíale grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos. Y subió ús á un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la , la fiesta de los íos. Y como alzó ús los ojos, y vió que había venido á él grande multitud, dice á : ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Respondióle : Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de ón : Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos? Entonces ús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones. Y tomó ús aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces, cuanto querían. Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habían comido. Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que ús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Y entendiendo ús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo. Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar; Y entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia . Y era ya oscuro, y ús no había venido á ellos. Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba. Y como hubieron navegado como veinticinco ó treinta estadios, ven á ús que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no tengáis miedo. Ellos entonces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban. El día siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no había allí otra navecilla sino una, y que ús no había entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habían ido solos; Y que otras navecillas habían arribado de junto al lugar donde habían comido el pan después de haber el Señor dado gracias; Como vió pues la gente que ús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á buscando á ús. Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá? Respondióles ús, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis. Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que á vida eterna permanece, la cual el del hombre os dará: porque á éste señaló el , que es . Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de ? Respondió ús, y díjoles: Esta es la obra de , que creáis en el que él ha enviado. Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer. Y ús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió és pan del cielo; mas mi os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan. Y ús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no le hecho fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió, del : Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al , y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban entonces de él los íos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo. Y decían: ¿No es éste ús, el hijo de é, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido? Y ús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir á mí, si el que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de . Así que, todo aquel que oyó del , y aprendió, viene á mí. No que alguno haya visto al , sino aquel que vino de , éste ha visto al . De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los íos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer? Y ús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el viviente, y yo vivo por el , asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en . Y muchos de sus discípulos oyéndolo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oir? Y sabiendo ús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿ os escandaliza? ¿ qué, si viereis al del hombre que sube donde estaba primero? El espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida. Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque ús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del . Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces ús á los doce: ¿éis vosotros iros también? Y respondióle ón : Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el , el de viviente. Jesús le respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y uno de vosotros es diablo? Y hablaba de , hijo de ón, porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.