Judges 16:27

“Y la casa estaba llena de hombres y mujeres: y todos los príncipes de los Filisteos estaban allí; y en el alto piso había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Samsón.”

Judges 16:27 — Reina-Valera 1909

Verse 27 of 31 in Judges chapter 16 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

Judges 16 — full chapter (Reina-Valera 1909)

Y FUÉ ón á , y vió allí una mujer ramera, y entró á ella. Y fué dicho á los de : Samsón es venido acá. Y cercáronlo, y pusiéronle espías toda aquella noche á la puerta de la ciudad: y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana; entonces lo mataremos. Mas ón durmió hasta la noche; y á la noche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, echóselas al hombro, y fuése, y subióse con ellas á la cumbre del monte que está delante de ón. Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de , la cual se llamaba . Y vinieron á ella los príncipes de los , y dijéronle: Engáñale y sabe en qué consiste su grande fuerza, y cómo lo podrí vencer, para que lo atemos y lo atormentemos; y cada uno de nosotros te dará mil y cien siclos de plata. Y dijo á ón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu grande fuerza, y cómo podrás ser atado para ser atormentado. Y respondióle ón: Si me ataren con siete mimbres verdes que aun no estén enjutos, entonces me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres. Y los príncipes de los le trajeron siete mimbres verdes que aun no se habían enjugado, y atóle con ellos. Y estaban espías en casa de ella en una cámara. Entonces ella le dijo: ¡ón, los sobre ti! Y él rompió los mimbres, como se rompe una cuerda de estopa cuando siente el fuego: y no se supo su fuerza. Entonces dijo á ón: He aquí tú me has engañado, y me has dicho mentiras: descúbreme pues ahora, yo te ruego, cómo podrás ser atado. Y él le dijo: Si me ataren fuertemente con cuerdas nuevas, con las cuales ninguna cosa se haya hecho, yo me debilitaré, y seré como cualquiera de los hombres. Y tomó cuerdas nuevas, y atóle con ellas, y díjole: ¡ón, los sobre ti! Y los espías estaban en una cámara. Mas él las rompió de sus brazos como un hilo. Y dijo á ón: Hasta ahora me engañas, y tratas conmigo con mentiras. Descúbreme pues ahora cómo podrás ser atado. El entonces le dijo: Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con la tela. Y ella hincó la estaca, y díjole: ¡ón, los sobre ti! Mas despertando él de su sueño, arrancó la estaca del telar con la tela. Y ella le dijo: ¿Cómo dices, Yo te amo, pues que tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces, y no me has aún descubierto en qué está tu gran fuerza. Y aconteció que, apretándole ella cada día con sus palabras é importunándole, su alma fué reducida á mortal angustia. Descubrióle pues todo su corazón, y díjole: Nunca á mi cabeza llegó navaja; porque soy de desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado, mi fuerza se apartará de mí, y seré debilitado, y como todos los hombres. Y viendo que él le había descubierto todo su corazón, envió á llamar á los príncipes de los , diciendo: Venid esta vez, porque él me ha descubierto todo su corazón. Y los príncipes de los vinieron á ella, trayendo en su mano el dinero. Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas; y llamado un hombre, rapóle siete guedejas de su cabeza, y comenzó á afligirlo, pues su fuerza se apartó de él. Y díjole: ¡ón, los sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras, y me escaparé: no sabiendo que á ya se había de él apartado. Mas los echaron mano de él, y sacáronle los ojos, y le llevaron á ; y le ataron con cadenas, para que moliese en la cárcel. Y el cabello de su cabeza comenzó á crecer, después que fué rapado. Entonces los príncipes de los se juntaron para ofrecer sacrificio á ón su dios, y para alegrarse; y dijeron: Nuestro dios entregó en nuestras manos á ón nuestro enemigo. Y viéndolo el pueblo, loaron á su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos á nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había muerto á muchos de nosotros. Y aconteció que, yéndose alegrando el corazón de ellos, dijeron: Llamad á ón, para que divierta delante de nosotros. Y llamaron á ón de la cárcel, y hacía de juguete delante de ellos; y pusiéronlo entre las columnas. Y ón dijo al mozo que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme tentar las columnas sobre que se sustenta la casa, para que me apoye sobre ellas. Y la casa estaba llena de hombres y mujeres: y todos los príncipes de los estaban allí; y en el alto piso había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de ón. Entonces clamó ón á á, y dijo: Señor á, acuérdate ahora de mí, y esfuérzame, te ruego, solamente esta vez, oh , para que de una vez tome venganza de los , por mis dos ojos. Asió luego ón las dos columnas del medio sobre las cuales se sustentaba la casa, y estribó en ellas, la una con la mano derecha, y la otra con la izquierda; Y dijo ón: Muera yo con los . Y estribando con esfuerzo, cayó la casa sobre los príncipes, y sobre todo el pueblo que estaba en ella. Y fueron muchos más los que de ellos mató muriendo, que los que había muerto en su vida. Y descendieron sus hermanos y toda la casa de su padre, y tomáronle, y lleváronle, y le sepultaron entre y , en el sepulcro de su padre . Y él juzgó á veinte años.

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