Luke 19:30
“Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.”
Luke 19:30 — Reina-Valera 1909
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Luke 19 — full chapter (Reina-Valera 1909)
Y HABIENDO entrado ús, iba pasando por ó; Y he aquí un varón llamado , el cual era el principal de los publicanos, y era rico; Y procuraba ver á ús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Y como vino á aquel lugar ús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa. Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso. Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador. Entonces , puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto. Y ús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de . Porque el del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido. Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió ús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de , y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de . Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver. Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez , y díjoles: Negociad entre tanto que vengo. Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Y vino el primero, diciendo: Señor, tu ha ganado diez . Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades. Y vino otro, diciendo: Señor, tu ha hecho cinco . Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu , la cual he tenido guardada en un pañizuelo: Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; ¿ qué, pues, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro? Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la , y dadla al que tiene las diez . Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez . Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí. Y dicho esto, iba delante subiendo á . Y aconteció, que llegando cerca de é, y de , al monte que se llama de las , envió dos de sus discípulos, Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester. Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿ qué desatáis el pollino? Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester. Y trajéronlo á ús; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á ús encima. Y yendo él tendían sus capas por el camino. Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las , toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á á gran voz por todas las maravillas que habían visto, Diciendo: ¡ el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo! Entonces algunos de los de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos. Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán. Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella, Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él. Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle. Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.