Luke 23:32
“Y llevaban también con él otros dos, malhechores, á ser muertos.”
Luke 23:32 — Reina-Valera 1909
Verse 32 of 56 in Luke chapter 23 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
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Luke 23 — full chapter (Reina-Valera 1909)
LEVANTÁNDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á . Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el , el rey. Entonces le preguntó, diciendo: ¿ tú el de los íos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. Y dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre. Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda , comenzando desde hasta aquí. Entonces , oyendo de , preguntó si el hombre era . Y como entendió que era de la jurisdicción de , le remitió á , el cual también estaba en en aquellos días. Y , viendo á ús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal. Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió: Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía. Mas con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á . Y fueron hechos amigos entre sí y en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. Entonces , convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis. Y ni aun ; porque os remití á él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho. Le soltaré, pues, castigado. Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. Mas toda la multitud dió voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á ás: (El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) Y hablóles otra vez , queriendo soltar á ús. Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. Y él les dijo la tercera vez: ¿ qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré. Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían. Entonces juzgó que se hiciese lo que ellos pedían; Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á ús á la voluntad de ellos. Y llevándole, tomaron á un ón , que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras ús. Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban. Mas ús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de , no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? Y llevaban también con él otros dos, malhechores, á ser muertos. Y como vinieron al lugar que se llama de la , le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda. Y ús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el ías, el escogido de . Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, Y diciendo: Si tú eres el de los íos, sálvate á ti mismo. Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el , sálvate á ti mismo y á nosotros. Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á , estando en la misma condenación? Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo. Y dijo á ús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino. Entonces ús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio. Entonces ús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á , diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde , estaban lejos mirando estas cosas. Y he aquí un varón llamado é, el cual era senador, varón bueno y justo, (El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de , ciudad de la , el cual también esperaba el reino de ; Este llegó á , y pidió el cuerpo de ús. Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto. Y era día de la víspera de la ; y estaba para rayar el sábado. Y las mujeres que con él habían venido de , siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo. Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.