Luke 8:47

“Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.”

Luke 8:47 — Reina-Valera 1909

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Luke 8 — full chapter (Reina-Valera 1909)

Y ACONTECIÓ después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de , y los doce con él, Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba , de la cual habían salido siete demonios, Y , mujer de , procurador de , y , y otras muchas que le servían de sus haciendas. Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola: Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron. Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga. Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era esta parábola. Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de ; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de . Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven. Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan. Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia. Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz. Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz. Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado. Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podían llegar á él por causa de la multitud. Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte. El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de , y la ejecutan. Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron. Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban. Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: ¡, Maestro, que perecemos! Y despertado él, increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron, y fué hecha bonanza. Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿én es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen? Y navegaron á la tierra de los , que está delante de . Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros. El cual, como vió á ús, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del ísimo? Ruégote que no me atormentes. (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.) Y le preguntó ús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaban que no les mandase ir al abismo. Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse. Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades. Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á ús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de ús; y tuvieron miedo. Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado. Entonces toda la multitud de la tierra de los alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, volvióse. Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas ús le despidió, diciendo: Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho ús con él. Y aconteció que volviendo ús, recibióle la gente; porque todos le esperaban. Y he aquí un varón, llamado , y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los pies de ús, le rogaba que entrase en su casa; Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía. Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada, Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre. Entonces ús dijo: ¿én es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿én es el que me ha tocado? Y ús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí. Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz. Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al . Y oyéndolo ús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva. Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie consigo, sino á , y á , y á , y al padre y á la madre de la moza. Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme. Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta. Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate. Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mandó que le diesen de comer. Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho.

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