Mark 12:7

“Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra.”

Mark 12:7 — Reina-Valera 1909

Verse 7 of 44 in Mark chapter 12 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

Mark 12 — full chapter (Reina-Valera 1909)

Y COMENZÓ á hablarles por parábolas: Plantó un hombre una viña, y la cercó con seto, y cavó un lagar, y edificó una torre, y la arrendó á labradores, y se partió lejos. Y envió un siervo á los labradores, al tiempo, para que tomase de los labradores del fruto de la viña. Mas ellos, tomándole, le hirieron, y le enviaron vacío. Y volvió á enviarles otro siervo; mas apedreándole, le hirieron en la cabeza, y volvieron á enviarle afrentado. Y volvió á enviar otro, y á aquél mataron; y á otros muchos, hiriendo á unos y matando á otros. Teniendo pues aún un hijo suyo amado, enviólo también á ellos el postrero, diciendo: Tendrán en reverencia á mi hijo. Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la viña. ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. ¿Ni aun esta habéis leído: La piedra que desecharon los que edificaban, ésta es puesta por cabeza de esquina; Por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? Y procuraban prenderle, porque entendían que decía á ellos aquella parábola; mas temían á la multitud; y dejándole, se fueron. Y envían á él algunos de los y de los , para que le sorprendiesen en alguna palabra. Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras á la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de : ¿Es lícito dar tributo á César, ó no? ¿, ó no daremos? Entonces él, como entendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿ qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Y ellos se la trajeron y les dice: ¿Cúya es esta imagen y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César. Y respondiendo ús, les dijo: Dad lo que es de César á César; y lo que es de , á . Y se maravillaron de ello. Entonces vienen á él los , que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante linaje á su hermano. Fueron siete hermanos: y el primero tomó mujer, y muriendo, no dejó simiente; Y la tomó el segundo, y murió, y ni aquél tampoco dejó simiente; y el tercero, de la misma manera. Y la tomaron los siete, y tampoco dejaron simiente: á la postre murió también la mujer. En la resurrección, pues, cuando resucitaren, ¿de cuál de ellos será mujer? porque los siete la tuvieron por mujer. Entonces respondiendo ús, les dice: ¿No erráis por eso, porque no sabéis las , ni la potencia de ? Porque cuando resucitarán de los muertos, ni se casarán, ni serán dados en casamiento, mas son como los ángeles que están en los cielos. Y de que los muertos hayan de resucitar, ¿no habéis leído en el libro de és cómo le habló en la zarza, diciendo: Yo soy el de , y el de , y el de ? No es de muertos, mas de vivos; así que vosotros mucho erráis. Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Y ús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, , el Señor nuestro , el Señor uno es. Amarás pues al Señor tu de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es , y no hay otro fuera de él; Y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como á sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dice: No estás lejos del reino de . Y ya ninguno osaba preguntarle. Y respondiendo ús decía, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los escribas que el es hijo de ? Porque el mismo dijo por el íritu : Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. Luego llamándole el mismo Señor, ¿de dónde, pues, es su hijo? Y los que eran del común del pueblo le oían de buena gana. Y les decía en su doctrina: Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, Y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor juicio. Y estando sentado ús delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca: y muchos ricos echaban mucho. Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí. Entonces llamando á sus discípulos, les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca: Porque todos han echado de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su alimento.

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