Matthew 8:6

“Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado.”

Matthew 8:6 — Reina-Valera 1909

Verse 6 of 34 in Matthew chapter 8 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

Matthew 8 — full chapter (Reina-Valera 1909)

Y COMO descendió del monte, le seguían muchas gentes. Y he aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. Y extendiendo ús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada. Entonces ús le dijo: Mira, no lo digas á nadie; mas ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó és, para testimonio á ellos. Y entrando ús en , vino á él un centurión, rogándole, Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado. Y ús le dijo: Yo iré y le sanaré. Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres debajo de mi techado; mas solamente di la palabra, y mi mozo sanará. Porque también yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace. Y oyendo ús, se maravilló, y dijo á los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en he hallado fe tanta. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con , é , y , en el reino de los cielos: Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces ús dijo al centurión: Ve, y como creiste te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento. Y vino ús á casa de , y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servía. Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados; y echó los demonios con la palabra, y sanó á todos los enfermos; Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta ías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. Y viendo ús muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte del lago. Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré á donde quiera que fueres. Y ús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el del hombre no tiene donde recueste su cabeza. Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dame licencia para que vaya primero, y entierre á mi padre. Y ús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos. Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron. Y he aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubría de las ondas; mas él dormía. Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, que perecemos. Y él les dice: ¿ qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen? Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los , le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podía pasar por aquel camino. Y he aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de ? ¿has venido acá á molestarnos antes de tiempo? Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo. Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos. Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas. Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y he aquí, toda la ciudad salió á encontrar á ús: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos.

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