Numbers 16:50

“Después se volvió Aarón á Moisés á la puerta del tabernáculo del testimonio, cuando la mortandad había cesado.”

Numbers 16:50 — Reina-Valera 1909

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Numbers 16 — full chapter (Reina-Valera 1909)

Y CORÉ, hijo de , hijo de , hijo de í; y án y , hijos de ; y , hijo de , de los hijos de én, tomaron gente, Y levantáronse contra és con doscientos y cincuenta varones de los hijos de , príncipes de la congregación, de los del consejo, varones de nombre; Y se juntaron contra és y ón, y les dijeron: Básteos, porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está á: ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de á? Y como lo oyó és, echóse sobre su rostro; Y habló á é y á todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará á quién es suyo, y al santo harálo llegar á sí; y al que él escogiere, él lo allegará á sí. Haced esto: tomaos incensarios, Coré y todo su séquito: Y poned fuego en ellos, y poned en ellos sahumerio delante de á mañana; y será que el varón á quien á escogiere, aquél será el santo: básteos esto, hijos de í. Dijo más és á é: Oid ahora, hijos de í: ¿Os es poco que el de os haya apartado de la congregación de , haciéndoos allegar á sí para que ministraseis en el servicio del tabernáculo de á, y estuvieseis delante de la congregación para ministrarles? ¿Y que te hizo acercar á ti, y á todos tus hermanos los hijos de í contigo; para que procuréis también el sacerdocio? Por tanto, tú y todo tu séquito sois los que os juntáis contra á: pues ón, ¿qué es para que contra él murmuréis? Y envió és á llamar á án y , hijos de ; mas ellos respondieron: No iremos allá: ¿Es poco que nos hayas hecho venir de una tierra que destila leche y miel, para hacernos morir en el desierto, sino que también te enseñorees de nosotros imperiosamente? Ni tampoco nos has metido tú en tierra que fluya leche y miel, ni nos has dado heredades de tierras y viñas: ¿has de arrancar los ojos de estos hombres? No subiremos. Entonces és se enojó en gran manera, y dijo á á: No mires á su presente: ni aun un asno he tomado de ellos, ni á ninguno de ellos he hecho mal. Después dijo és á é: Tú y todo tu séquito, poneos mañana delante de á; tú, y ellos, y ón: Y tomad cada uno su incensario, y poned sahumerio en ellos, y allegad delante de á cada uno su incensario: doscientos y cincuenta incensarios: tú también, y ón, cada uno con su incensario. Y tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos sahumerio, y pusiéronse á la puerta del tabernáculo del testimonio con és y ón. Ya é había hecho juntar contra ellos toda la congregación á la puerta del tabernáculo del testimonio: entonces la gloria de á apareció á toda la congregación. Y á habló á és y á ón, diciendo: Apartaos de entre esta congregación, y consumirlos he en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un hombre el que pecó? ¿y airarte has tú contra toda la congregación? Entonces á habló á és, diciendo: Habla á la congregación, diciendo: Apartaos de en derredor de la tienda de é, Dathán, y . Y és se levantó, y fué á án y á ; y los ancianos de fueron en pos de él. Y él habló á la congregación, diciendo: Apartaos ahora de las tiendas de estos impíos hombres, y no toquéis ninguna cosa suya, por que no perezcáis en todos sus pecados. Y apartáronse de las tiendas de é, de án, y de en derredor: y án y salieron y pusiéronse á las puertas de sus tiendas, con sus mujeres, y sus hijos, y sus chiquitos. Y dijo és: En esto conoceréis que á me ha enviado para que hiciese todas estas cosas; que no de mi corazón las hice. Si como mueren todos los hombres murieren éstos, ó si fueren ellos visitados á la manera de todos los hombres, Jehová no me envió. Mas si á hiciere una nueva cosa, y la tierra abriere su boca, y los tragare con todas sus cosas, y descendieren vivos al abismo, entonces conoceréis que estos hombres irritaron á á. Y aconteció, que en acabando él de hablar todas estas palabras, rompióse la tierra que estaba debajo de ellos: Y abrió la tierra su boca, y tragólos á ellos, y á sus casas, y á todos los hombres de é, y á toda su hacienda. Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al abismo, y cubriólos la tierra, y perecieron de en medio de la congregación. Y todo , los que estaban en derredor de ellos, huyeron al grito de ellos; porque decían: No nos trague también la tierra. Y salió fuego de á, y consumió los doscientos y cincuenta hombres que ofrecían el sahumerio. Entonces á habló á és, diciendo: Di á , hijo de ón sacerdote, que tome los incensarios de en medio del incendio, y derrame más allá el fuego; porque son santificados: Los incensarios de estos pecadores contra sus almas: y harán de ellos planchas extendidas para cubrir el altar: por cuanto ofrecieron con ellos delante de á, son santificados; y serán por señal á los hijos de . Y el sacerdote tomó los incensarios de metal con que los quemados habían ofrecido; y extendiéronlos para cubrir el altar, En recuerdo á los hijos de que ningún extraño que no sea de la simiente de ón, llegue á ofrecer sahumerio delante de á, porque no sea como é, y como su séquito; según se lo dijo á por mano de és. El día siguiente toda la congregación de los hijos de murmuró contra és y ón, diciendo: Vosotros habéis muerto al pueblo de á. Y aconteció que, como se juntó la congregación contra és y ón, miraron hacia el tabernáculo del testimonio, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de á. Y vinieron és y ón delante del tabernáculo del testimonio. Y á habló á és, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y consumirélos en un momento. Y ellos se echaron sobre sus rostros. Y dijo és á ón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon perfume, y ve presto á la congregación, y haz expiación por ellos; porque el furor ha salido de delante de la faz de á: la mortandad ha comenzado. Entonces tomó ón el incensario, como és dijo, y corrió en medio de la congregación: y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo: y él puso perfume, é hizo expiación por el pueblo. Y púsose entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad. Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil y setecientos, sin los muertos por el negocio de é. Después se volvió ón á és á la puerta del tabernáculo del testimonio, cuando la mortandad había cesado.

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