Psalms 78:23
“A pesar de que mandó á las nubes de arriba, y abrió las puertas de los cielos,”
Psalms 78:23 — Reina-Valera 1909
Verse 23 of 72 in Psalms chapter 78 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
Psalms 78 — full chapter (Reina-Valera 1909)
ESCUCHA, pueblo mío, mi ley: inclinad vuestro oído á las palabras de mi boca. Abriré mi boca en parábola; hablaré cosas reservadas de antiguo: Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos á sus hijos, contando á la generación venidera las alabanzas de á, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo. El estableció testimonio en , y pusó ley en ; la cual mandó á nuestros padres que la notificasen á sus hijos; Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán, lo cuenten á sus hijos; A fin de que pongan en su confianza, y no se olviden de las obras de , y guarden sus mandamientos: Y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; generación que no apercibió su corazón, ni fué fiel para con su espíritu. Los hijos de armados, flecheros, volvieron las espaldas el día de la batalla. No guardaron el pacto de , ni quisieron andar en su ley: Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado. Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de , en el campo de Zoán. Rompió la mar, é hízolos pasar; é hizo estar las aguas como en un montón. Y llevólos de día con nube, y toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las peñas en el desierto: y dióles á beber como de grandes abismos; Pues sacó de la peña corrientes, é hizo descender aguas como ríos. Empero aun tornaron á pecar contra él, enojando en la soledad al ísimo. Pues tentaron á en su corazón, pidiendo comida á su gusto. Y hablaron contra , diciendo: ¿á poner mesa en el desierto? He aquí ha herido la peña, y corrieron aguas, y arroyos salieron ondeando: ¿podrá también dar pan? ¿aparejará carne á su pueblo? Por tanto oyó á, é indignóse: y encendióse el fuego contra , y el furor subió también contra ; Por cuanto no habían creído á , ni habían confiado en su salud: A pesar de que mandó á las nubes de arriba, y abrió las puertas de los cielos, E hizo llover sobre ellos maná para comer, y dióles trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre: envióles comida á hartura. Movió el solano en el cielo, y trajo con su fortaleza el austro. E hizo llover sobre ellos carne como polvo, y aves de alas como arena de la mar. E hízolas caer en medio de su campo, alrededor de sus tiendas. Y comieron, y hartáronse mucho: cumplióles pues su deseo. No habían quitado de sí su deseo, aun estaba su vianda en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de , y mató los más robustos de ellos, y derribó los escogidos de . Con todo esto pecaron aún, y no dieron crédito á sus maravillas. Consumió por tanto en nada sus días, y sus años en la tribulación. Si los mataba, entonces buscaban á ; entonces se volvían solícitos en busca suya. Y acordábanse que era su refugio, y el su redentor. Mas le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían: Pues sus corazones no eran rectos con él, ni estuvieron firmes en su pacto. Empero él misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía: y abundó para apartar su ira, y no despertó todo su enojo. Y acordóse que eran carne; soplo que va y no vuelve. ¡Cuántas veces lo ensañaron en el desierto, lo enojaron en la soledad! Y volvían, y tentaban á , y ponían lí al de . No se acordaron de su mano, del día que los redimió de angustia; Cuando puso en sus señales, y sus maravillas en el campo de Zoán; Y volvió sus ríos en sangre, y sus corrientes, porque no bebiesen. Envió entre ellos una mistura de moscas que los comían, y ranas que los destruyeron. Dió también al pulgón sus frutos, y sus trabajos á la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con piedra; Y entregó al pedrisco sus bestias, y al fuego sus ganados. Envió sobre ellos el furor de su saña, ira y enojo y angustia, con misión de malos ángeles. Dispuso el camino á su furor; no eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida á la mortandad. E hirió á todo primogénito en , las primicias de las fuerzas en las tiendas de Châm. Empero hizo salir á su pueblo como ovejas, y llevólos por el desierto, como un rebaño. Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y la mar cubrió á sus enemigos. Metiólos después en los términos de su santuario, en este monte que ganó su mano derecha. Y echó las gentes de delante de ellos, y repartióles una herencia con cuerdas; é hizo habitar en sus moradas á las tribus de . Mas tentaron y enojaron al ísimo, y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron, y se rebelaron como sus padres: volviéronse como arco engañoso. Y enojáronlo con sus altos, y provocáronlo á celo con sus esculturas. Oyólo , y enojóse, y en gran manera aborreció á . Dejó por tanto el tabernáculo de , la tienda en que habitó entre los hombres; Y dió en cautividad su fortaleza, y su gloria en mano del enemigo. Entregó también su pueblo á cuchillo, y airóse contra su heredad. El fuego devoró sus mancebos, y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. Sus sacerdotes cayeron á cuchillo, y sus viudas no lamentaron. Entonces despertó el Señor á la manera del que ha dormido, como un valiente que grita excitado del vino: E hirió á sus enemigos en las partes posteriores: dióles perpetua afrenta. Y desechó el tabernáculo de é, y no escogió la tribu de ; Sino que escogió la tribu de á, el monte de Sión, al cual amó. Y edificó su santuario á manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre. Y eligió á su siervo, y tomólo de las majadas de las ovejas: De tras las paridas lo trajo, para que apacentase á su pueblo, y á su heredad. Y apacentólos con entereza de su corazón; y pastoreólos con la pericia de sus manos.