1 Corinthians 2:11

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”

1 Corinthians 2:11 — Reina-Valera 1909

Verse 11 of 16 in 1 Corinthians chapter 2 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.

1 Corinthians 2 — full chapter (Reina-Valera 1909)

ASÍ que, hermanos, cuando fuí á vosotros, no fuí con altivez de palabra, ó de sabiduría, á anunciaros el testimonio de . Porque no me propuse saber algo entre vosotros, sino á , y á éste crucificado. Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor; Y ni mi palabra ni mi predicación fué con palabras persuasivas de humana sabiduría, mas con demostración del íritu y de poder; Para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de . Empero hablamos sabiduría entre perfectos; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen: Mas hablamos sabiduría de en misterio, la sabiduría oculta, la cual predestinó antes de los siglos para nuestra gloria: La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria: Antes, como está escrito: Cosas que ojo no vió, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha preparado para aquellos que le aman. Empero nos lo reveló á nosotros por el íritu: porque el íritu todo lo escudriña, aun lo profundo de . Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de , sino el íritu de . Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el íritu que es de , para que conozcamos lo que nos ha dado; Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del íritu, acomodando lo espiritual á lo espiritual. Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del íritu de , porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente. Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de .

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