Jeremiah 38:23
“Sacarán pues, todas tus mujeres y tus hijos á los Caldeos, y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de Babilonia serás preso, y á esta ciudad quemará á fuego.”
Jeremiah 38:23 — Reina-Valera 1909
Verse 23 of 28 in Jeremiah chapter 38 — Reina-Valera 1909. Read it in context below, with maps, timelines and thematic connections beside the text.
Jeremiah 38 — full chapter (Reina-Valera 1909)
Y OYÓ ías hijo de án, y ías hijo de , y hijo de ías, y hijo de îas, las palabras que ías hablaba á todo el pueblo, diciendo: Así ha dicho á: El que se quedare en esta ciudad morirá á cuchillo, ó de hambre, ó de pestilencia; mas el que saliere á los vivirá, pues su vida le será por despojo, y vivirá. Así ha dicho á: De cierto será entregada esta ciudad en mano del ejército del rey de , y tomarála. Y dijeron los príncipes al rey: Muera ahora este hombre; porque de esta manera hace desmayar las manos de los hombres de guerra que han quedado en esta ciudad, y las manos de todo el pueblo, hablándoles tales palabras; porque este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal. Y dijo el rey îas: Helo ahí, en vuestras manos está; que el rey no podrá contra vosotros nada. Entonces tomaron ellos á ías, é hiciéronlo echar en la mazmorra de îas hijo de , que estaba en el patio de la cárcel; y metieron á ías con sogas. Y en la mazmorra no había agua, sino cieno; y hundióse ías en el cieno. Y oyendo -melec, hombre etiope, eunuco que estaba en casa del rey, que habían puesto á ías en la mazmorra, y estando sentado el rey á la puerta de ín, Ebed-melec salió de la casa del rey, y habló al rey, diciendo: Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con ías profeta, al cual hicieron echar en la mazmorra; porque allí se morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. Entonces mandó el rey al mismo -melec , diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar á ías profeta de la mazmorra, antes que muera. Y tomó -melec en su poder hombres, y entró á la casa del rey al lugar debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos, traídos, viejos, y andrajosos, y echólos á ías con sogas en la mazmorra. Y dijo -melec á ías: Pon ahora esos trapos viejos, traídos, y rotos, bajo los sobacos de tus brazos, debajo de las sogas. Y lo hizo así ías. De este modo sacaron á ías con sogas, y subiéronlo de la mazmorra; y quedó ías en el patio de la cárcel. Después envió el rey îas, é hizo traer á sí á ías profeta á la tercera entrada que estaba en la casa de á. Y dijo el rey á ías: Pregúntote una palabra, no me encubras ninguna cosa. Y ías dijo á îas: Si te lo denunciare, ¿no es verdad que me matarás? y si te diere consejo, no has de escucharme. Y juró el rey îas en secreto á ías, diciendo: Vive á que nos hizo esta alma, que no te mataré, ni te entregaré en mano de estos varones que buscan tu alma. Entonces dijo ías á îas: Así ha dicho á de los ejércitos, Dios de : Si salieres luego á los príncipes del rey de , tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta á fuego; y vivirás tú y tu casa: Mas si no salieres á los príncipes del rey de , esta ciudad será entregada en mano de los , y la pondrán á fuego, y tú no escaparás de sus manos. Y dijo el rey îas á ías: Témome á causa de los íos que se han adherido á los , que no me entreguen en sus manos y me escarnezcan. Y dijo ías: No te entregarán. Oye ahora la voz de á que yo te hablo, y tendrás bien, y vivirá tu alma. Mas si no quisieres salir, esta es la palabra que me ha mostrado á: Y he aquí que todas las mujeres que han quedado en casa del rey de á, serán sacadas á los príncipes del rey de ; y ellas mismas dirán: Te han engañado, y prevalecido contra ti tus amigos; atollaron en el cieno tus pies, se volvieron atrás. Sacarán pues, todas tus mujeres y tus hijos á los , y tú no escaparás de sus manos, sino que por mano del rey de serás preso, y á esta ciudad quemará á fuego. Y dijo îas á ías: Nadie sepa estas palabras, y no morirás. Y si los príncipes oyeren que yo he hablado contigo, y vinieren á ti y te dijeren: Decláranos ahora qué hablaste con el rey, no nos lo encubras, y no te mataremos; asimismo qué te dijo el rey; Les dirás: Supliqué al rey que no me hiciese tornar á casa de án porque no me muriese allí. Y vinieron luego todos los príncipes á ías, y preguntáronle: y él les respondió conforme á todo lo que el rey le había mandado. Con esto se dejaron de él, porque el negocio no se había oído. Y quedó ías en el patio de la cárcel hasta el día que fué tomada ; y allí estaba cuando fué tomada.